En otro ataque de genialidad, Macri ha decidido cambiar los vagones de la línea A de subterráneos, es decir, cambiar los únicos vagones estéticamente agradables de toda la red que circula en Buenos Aires. Quien haya viajado en ellos, sabe que a pesar de tener casi cien años de antigüedad, no están en un estado deplorable, y que mantienen un encanto que, de haber tenido voluntad, tal vez se podría haber restaurado. Pero bueno, Macri (al igual que casi todo gobernante) es uno de los tantos exponentes del "progreso", el mismo que consiste en talar árboles para poner playas de estacionamiento o demoler casas antiguas para erigir torres inteligentes, sin que sepa uno cómo ostenta su inteligencia una edificación.
No obstante el placer que proporciona la madera, es posible que sean cuestiones de seguridad las que lleven a tener que realizar un cambio total de la flota, así que le damos el beneficio de la duda a la decisión. Ahora, lo que sí tenemos que señalar es que el jefe de Gobierno de la Ciudad ha tenido además la atinadísima idea de suspender el servicio por dos meses para que se concrete el recambio. Total, los que viajan en esa línea pueden tomarse un colectivo, o caminar, qué tanto jorobar. No sea cosa que se planifique una logística operacional que entorpezca lo menos posible el funcionamiento del servicio. Se corta el servicio, y punto, y aparte, por las dudas.
El gobierno nacional no tiene problemas en difamar a los opositores con infamias inventadas si es necesario. Macricito, así de bueno que es, les ahorra el trabajo, con su accionar público ya demuestra lo torpe y execrable que es.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
NAviDAd
La Navidad no es ajena a Nada, a pesar de lo que podrán creer muchos lectores acostumbrados a nuestras posturas ácratas, antisociales y antitradicionalistas. Festejamos, brindamos con Cynar, comimos ensalada rusa sin arvejas ni zanahorias, hicimos estallar bolsas de papel infladas a soplidos y jugamos "Combate en el frente" hasta altísimas horas de la madrugada. El difícil momento económico no permitió regalos ostentosos, por no decir que directamente no permitió obsequio alguno. No obstante, la pasamos no tan mal, lo cual no es poco. A todos nuestros lectores les deseamos una Feliz Navidad para el 2013, ya que la de este año acaba de terminar.
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| El modesto árbol navideño de Nada |
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| El gesto de aprobación de la tortuga de la Redacción |
lunes, 17 de diciembre de 2012
EL RINCÓN VITRIÓLICO
Se puede, y se debe, comprender que los sectores marginados de nuestro país, aquellos que bastantes problemas diarios tienen para satisfacer a duras penas las mínimas necesidades, los mínimos requerimientos para llevar una vida digna, ignoren los vaivenes y los entretelones de la política argentina. Es comprensible que con su voto alimenten a quienes los subyugan, ya que el sometimiento actual suele estar burdamente disfrazado de justicia social. Este procedimiento engañoso se comprueba, claro, en los casos más amables, porque en otros el avasallamiento directamente se pronuncia sin "sutilezas", a través de las amenazas de los punteros políticos, dueños de la última palabra en lo que concierne a la administración de los planes sociales, eufemismo de limosna estatal.
Es vital, pues, que aquellos que, libres del yugo del hambre, comprendan esta situación y cesen las miradas de desprecio al pobre hombre que, sumido en la indigencia, embrutecido por una vida de privaciones de todo tipo, y entregado a la desesperación, participa del siniestro mecanismo como un mero títere. No obstante, seguramente hay entre esas numerosas víctimas del sistema algunos que comprenden la problemática nacional. Y es que el instinto no se adquiere en los claustros, y no hace falta ser universitario para comprender las vulgares maniobras de la clase dirigente. Es más, muchas personas muy instruidas, a pesar de sus títulos universitarios y de su capacidad de sobra para el análisis, son cómplices del modelo, eufemismo de vaciamiento o saqueo. Basta con citar el paradigmnático caso de “Carta Abierta”, un grupo “no partidario ni confesional” conformado por personas provenientes del pensamiento de la educación, del arte, de las ciencias, del cine, y demás círculos culturales. A pesar de proclamarse no partidarios, no tienen otra tarea que no sea alabar/avalar y justificar cualquier barrabasada que lleve la inconfundible rúbrica oficial con argumentos dignos de un tosco ministro de Propaganda cualquiera. Recordemos algunos episodios ligados a este grupo:
Nos permitimos cerrar esta breve reflexión con un verso de un gran poeta que nos dejó a principios de este año, el gran Luis Alberto Spinetta, que nos viene tristemente de perillas para la situación: “Cultura y poder son esta porno bajón”.
Los analfabetos de "Nada"
Es vital, pues, que aquellos que, libres del yugo del hambre, comprendan esta situación y cesen las miradas de desprecio al pobre hombre que, sumido en la indigencia, embrutecido por una vida de privaciones de todo tipo, y entregado a la desesperación, participa del siniestro mecanismo como un mero títere. No obstante, seguramente hay entre esas numerosas víctimas del sistema algunos que comprenden la problemática nacional. Y es que el instinto no se adquiere en los claustros, y no hace falta ser universitario para comprender las vulgares maniobras de la clase dirigente. Es más, muchas personas muy instruidas, a pesar de sus títulos universitarios y de su capacidad de sobra para el análisis, son cómplices del modelo, eufemismo de vaciamiento o saqueo. Basta con citar el paradigmnático caso de “Carta Abierta”, un grupo “no partidario ni confesional” conformado por personas provenientes del pensamiento de la educación, del arte, de las ciencias, del cine, y demás círculos culturales. A pesar de proclamarse no partidarios, no tienen otra tarea que no sea alabar/avalar y justificar cualquier barrabasada que lleve la inconfundible rúbrica oficial con argumentos dignos de un tosco ministro de Propaganda cualquiera. Recordemos algunos episodios ligados a este grupo:
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| El filósofo Feinmann salió este año a la defensa de Cristina Fernández de Kirchner con vergonzosos argumentos dignos de una pelea de partido de fútbol callejero. |
Estos son los chauvinistas, patrioteros y reaccionarios intelectuales de “Carta Abierta”, cuya obsecuencia genuflexa los convierte a esta altura en un tristísimo caso cerrado. Si sus capacidades intelectuales, que no son puestas en duda aquí, se enfocaran de forma sincera y desinteresada en pos de una mejor sociedad, realmente más justa, tal vez otra sería la historia. El intelectual debe velar por una sociedad sin atropellos, vigilar a quienes ejercen el poder, jamás acatar la orden del día con la cabeza gacha (aunque en este caso se los ve, encima de arrastrados, orgullosos). Realmente hay mucho más que muchísimo para controlar y objetar en las gestiones de gobierno de este país, que rayan con lo criminal directamente. Es curioso que muchos de los miembros de este grupo, que han sabido ejercer la sana desconfianza política en otros tiempos ahora estén tan mansos y sosegados. O están realmente de acuerdo con las políticas de hambre y avasallamiento estatal, o prefieren hacer caso omiso. Desde acá, nosotros, que estamos muy lejos de ser intelectuales, recordamos unas palabras de don Miguel de Unamuno, un gran intelectual que sí supo en su momento recapacitar: “Hay momentos en que callar es mentir (…) Venceréis porque tenéis la fuerza bruta, pero no convenceréis, porque para convencer tendríais que persuadir, y para persuadir no tenéis lo que hace falta: la razón y el derecho.” Afortunadamente, no estamos en el mismo contexto social de guerra civil en el que Unamuno dijo estas valientes palabras. Desde acá mismo, desde esta misma sección de Nada, hemos deslizado alguna vez algún mensaje agresivo, hijo de la impotencia ante la impunidad de tanto criminal dirigente. Sabemos, sin embargo, que el odio no es el modo de solucionar nada. Estamos a tiempo, esperamos, de evitar nuevos fraticidios y derramamientos de sangre. Ojalá muchos seres pensantes se percaten de lo necesario que resulta que desechen las seductoras orejeras del poder y que abran sus mentes de una necesaria vez.
Los analfabetos de "Nada"
lunes, 10 de diciembre de 2012
JOHN FAHEY
Nuestra imagen de encabezado está dedicada en esta oportunidad a un genio poco conocido. John Fahey se dedicaba a crear parajes musicales de una profundidad y belleza, tarea para la cual le bastaba con su guitarra acústica. Desde finales de los cincuenta hasta su muerte en 2001 grabó decenas de discos en los que supo forjar un estilo inconfundible que oscilaba entre el blues, el folklore estadounidense, la música clásica, la música vanguardista, lo atonal y vaya a saber uno qué más. No me resulta fácil detallar lo que significa en mi vida la música de Fahey. Simplemente me permitiré recordar ese momento epifánico, esa lluviosa mañana de sábado en la que escuché por primera vez un disco de John Fahey y tras la cual nunca pude, ni quise, escapar del indescriptible encanto de su música. Desde acá, quiero recordarlo y además recomendarlo, ya que no se trata de un artista demasiado profuso en nuestros pagos, por no decir directamente que encontrar un disco de él en alguna disquería argentina es casi imposible. Les quiero dejar la primera canción de ese disco que inició todo para mí: "Wine and Roses", del LP The Dance of Death and Other Plantation Favorites, de 1964. Desde los primeros acordes me impresionó de por vida, y, cosa rara que sólo pasa en contadas ocasiones, esa sensación definitiva no ha sido erosionada por el tiempo.
jueves, 6 de diciembre de 2012
FUSIÓN NÚCLEAR EN BUENOS AIRES
En el día de hoy, un incendio que tuvo lugar en la zona portuaria de Buenos Aires dejó como consecuencia una nube tóxica. Según dicen las autoridades, el incendio ya está controlado, la nube se está disipando y más allá de molestias menores que puede ocasionar, no representa un real peligro. El pasquín ictérico Crónica, nuevamente, aprovechó la oportunidad para tranquilizar a la población.
Se ve que el cargamento incendiado contenía un núcleo de reactor nuclear y los bomberos no estaban ni enterados. Si usted empieza a mutar y se transforma en cucaracha no se alarme. No obstante, dada la credibilidad de los anuncios oficiales, es posible que la noticia de Crónica sea más veraz de lo que uno piensa.
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| Titular de Crónica (versión digital, 06/12/2012) |
Se ve que el cargamento incendiado contenía un núcleo de reactor nuclear y los bomberos no estaban ni enterados. Si usted empieza a mutar y se transforma en cucaracha no se alarme. No obstante, dada la credibilidad de los anuncios oficiales, es posible que la noticia de Crónica sea más veraz de lo que uno piensa.
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| "Firme junto al pueblo y alimentando la histeria colectiva desde 1963" |
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| Oesterheld ya lo había predicho en la década del 50 |
martes, 4 de diciembre de 2012
EL RINCÓN DEL CINE (por Timoteo Lumier)
Bananas (Allen/Rose , Estados Unidos/1971). Dirección: Woody Allen. Con Woody Allen, Louise Lasser, Carlos Montalbán, Jacobo Morales. Fotografía: Andrew M. Costikyan. Música: Marvin Hamlisch. Edición: Ron Kalish y Ralph Rosenblum. Diseño de producción: Herbert Mulligan. Producción hablada en inglés. Duración: 82 minutos. Apta para mayores de 13 años.
BANANAS
“Recuerdo la historia del granjero que tenía relaciones incestuosas con sus dos hijas al mismo tiempo…”. Este es el modo en el que Fielding Mellish (Allen) pretende romper el hielo en una cena de beneficencia para la República de San Marcos, el país del cual es presidente. Un país que, además de ser “el líder mundial en hernias”, puede ofrecer a cambio de la ayuda “langostas de todas las razas y credos”. Este tono desopilante y absurdo es el que Woody Allen logra mantener a lo largo de la casi hora y media que dura Bananas, su tercera película como director, estrenada en 1971.
Bananas cuenta la historia de Fielding Mellish, un hombre con una vida mediocre y un empleo sin futuro que se enamora de Nancy (Lasser), una activista por los derechos humanos. Tras una breve relación que ella termina aludiendo que necesita a un hombre fuerte, un líder a su lado, un destrozado Fielding viaja al país centroamericano de San Marcos para tratar de olvidarla. El destino quiere que accidentalmente termine colaborando en una revolución guerrillera contra el dictador Vargas (Montalban). Luego del triunfo, Espósito, el líder de la guerrilla (de aspecto notablemente guevariano), comienza a mostrar alarmantes signos de locura y despotismo. El resto de los revolucionarios designan a Fielding como presidente, puesto que él acepta resignado, ya que es un descreído político. Azotado San Marcos por la pobreza, Fielding acude a Estados Unidos para buscar ayuda económica, pero lo hace en carácter de presidente, disfrazado con uniforme y una grotesca barba postiza estilo Castro. El gobierno lo descubre y le inicia un proceso por traidor.
Como en toda la primera época de la filmografía de Woody Allen, su idiosincrásico humor intelectual se ve efectivamente mezclado con una gran dosis de absurdo y humor físico en la tradición de Chaplin, Keaton o los Hermanos Marx. Allen recicla material de su época de comediante de club nocturno y lo reformula junto a nuevas ideas de su siempre fecundo ingenio con gran eficiacia. Su implacable sátira transmite una clara sensación de nihilismo político que ni los revolucionarios de izquierda ni los gobernantes de derecha pueden aplacar, ya que se comportan de maneras trágicamente similares. Tampoco queda indemne el gobierno de Estados Unidos y su intolerancia política, perfectamente sintetizada por Miss Estados Unidos, insólito testigo en el payasesco juicio a Mellish. Sin perder su afable compostura de concurso de belleza, declara ante el estrado que como el acusado piensa diferente al presidente es “un subversivo de mierda”.
El excelente libro, que también cuenta con aportes del escritor de comedia Mickey Rose, no pierde el ritmo y tiene una muy buena cohesión, circunstancialmente menoscabada por algunos gags que parecen insertados a la fuerza (todos buenos, sin embargo).
La actuación de Allen es brillante, lo cual no es de extrañarse, ya que su personaje se acomoda perfectamente a sus dotes actorales, siguiendo un prototipo que como actor y escritor supo explotar a lo largo de su carrera sin cansar ni repetirse en exceso. De hecho, si lo analizamos, no hay mucha más diferencia que el nombre o detalles laterales entre este Fielding Mellish de Bananas, el Miles Monroe de Sleeper (1973) o el Boris Grushenko de Love and Death (1975). Todos ellos, algo neuróticos, algo fracasados, hallan un movil irresistible que los termina agigantando: el amor.
Allen encuentra una compañera ideal en Louise Lasser, con quien comparte varias de las mejores escenas de la película, en las que la actriz se desenvuelve con encanto y naturalidad notables. La interacción verbal entre ellos es impecable y los diálogos que mantienen son antológicos.
Del resto del elenco se destacan el mexicano Carlos Montalban, en el papel del dictador Vargas, y Jacobo Morales en el papel del lider guerrillero Espósito, ambos personajes caras opuestas de una misma moneda.
En lo que concierne a su fotografía, Bananas es muy sólida, en parte gracias a la filmación en locaciones en Perú y en Puerto Rico. Las escenas de ciudad recrean el aspecto colonial descuidado de un país pobre, y la escenas selváticas crean el escenario perfecto para el refugio de la guerrilla. El resto está filmado en Nueva York, lugar recurrente en gran parte de las películas de Woody Allen. En este caso, la ciudad es un mero escenario para las escenas y no hay una exaltación de su belleza como en trabajos posteriores del director como Annie Hall (1977) o, especialmente, Manhattan (1979). Los temas musicales compuestos por Marvin Hamlisch cumplen con creces su objetivo. Resaltan el aire tropical y latino en las escenas de San Marcos, y subrayan dulcemente los momentos románticos entre Nancy y Fielding. Como no podía ser de otra manera, Allen encuentra un espacio para incluir algo de jazz de los años veinte en una escena digna de cine mudo en la que Fielding persigue por todo su departamento a un escurridizo paquete de vegetales congelados.
En Bananas se encuentra la quintaesencia del estilo del primer Woody Allen, irreverente, transgresor, absurdo, ácido, nostálgico, romántico, y, sobre todo, increíblemente gracioso.
Timoteo Lumier
BANANAS
ABSURDO, AMOR Y REVOLUCIÓN
“Recuerdo la historia del granjero que tenía relaciones incestuosas con sus dos hijas al mismo tiempo…”. Este es el modo en el que Fielding Mellish (Allen) pretende romper el hielo en una cena de beneficencia para la República de San Marcos, el país del cual es presidente. Un país que, además de ser “el líder mundial en hernias”, puede ofrecer a cambio de la ayuda “langostas de todas las razas y credos”. Este tono desopilante y absurdo es el que Woody Allen logra mantener a lo largo de la casi hora y media que dura Bananas, su tercera película como director, estrenada en 1971.
Bananas cuenta la historia de Fielding Mellish, un hombre con una vida mediocre y un empleo sin futuro que se enamora de Nancy (Lasser), una activista por los derechos humanos. Tras una breve relación que ella termina aludiendo que necesita a un hombre fuerte, un líder a su lado, un destrozado Fielding viaja al país centroamericano de San Marcos para tratar de olvidarla. El destino quiere que accidentalmente termine colaborando en una revolución guerrillera contra el dictador Vargas (Montalban). Luego del triunfo, Espósito, el líder de la guerrilla (de aspecto notablemente guevariano), comienza a mostrar alarmantes signos de locura y despotismo. El resto de los revolucionarios designan a Fielding como presidente, puesto que él acepta resignado, ya que es un descreído político. Azotado San Marcos por la pobreza, Fielding acude a Estados Unidos para buscar ayuda económica, pero lo hace en carácter de presidente, disfrazado con uniforme y una grotesca barba postiza estilo Castro. El gobierno lo descubre y le inicia un proceso por traidor.
Como en toda la primera época de la filmografía de Woody Allen, su idiosincrásico humor intelectual se ve efectivamente mezclado con una gran dosis de absurdo y humor físico en la tradición de Chaplin, Keaton o los Hermanos Marx. Allen recicla material de su época de comediante de club nocturno y lo reformula junto a nuevas ideas de su siempre fecundo ingenio con gran eficiacia. Su implacable sátira transmite una clara sensación de nihilismo político que ni los revolucionarios de izquierda ni los gobernantes de derecha pueden aplacar, ya que se comportan de maneras trágicamente similares. Tampoco queda indemne el gobierno de Estados Unidos y su intolerancia política, perfectamente sintetizada por Miss Estados Unidos, insólito testigo en el payasesco juicio a Mellish. Sin perder su afable compostura de concurso de belleza, declara ante el estrado que como el acusado piensa diferente al presidente es “un subversivo de mierda”.
El excelente libro, que también cuenta con aportes del escritor de comedia Mickey Rose, no pierde el ritmo y tiene una muy buena cohesión, circunstancialmente menoscabada por algunos gags que parecen insertados a la fuerza (todos buenos, sin embargo).
La actuación de Allen es brillante, lo cual no es de extrañarse, ya que su personaje se acomoda perfectamente a sus dotes actorales, siguiendo un prototipo que como actor y escritor supo explotar a lo largo de su carrera sin cansar ni repetirse en exceso. De hecho, si lo analizamos, no hay mucha más diferencia que el nombre o detalles laterales entre este Fielding Mellish de Bananas, el Miles Monroe de Sleeper (1973) o el Boris Grushenko de Love and Death (1975). Todos ellos, algo neuróticos, algo fracasados, hallan un movil irresistible que los termina agigantando: el amor.
Allen encuentra una compañera ideal en Louise Lasser, con quien comparte varias de las mejores escenas de la película, en las que la actriz se desenvuelve con encanto y naturalidad notables. La interacción verbal entre ellos es impecable y los diálogos que mantienen son antológicos.
Del resto del elenco se destacan el mexicano Carlos Montalban, en el papel del dictador Vargas, y Jacobo Morales en el papel del lider guerrillero Espósito, ambos personajes caras opuestas de una misma moneda.
En lo que concierne a su fotografía, Bananas es muy sólida, en parte gracias a la filmación en locaciones en Perú y en Puerto Rico. Las escenas de ciudad recrean el aspecto colonial descuidado de un país pobre, y la escenas selváticas crean el escenario perfecto para el refugio de la guerrilla. El resto está filmado en Nueva York, lugar recurrente en gran parte de las películas de Woody Allen. En este caso, la ciudad es un mero escenario para las escenas y no hay una exaltación de su belleza como en trabajos posteriores del director como Annie Hall (1977) o, especialmente, Manhattan (1979). Los temas musicales compuestos por Marvin Hamlisch cumplen con creces su objetivo. Resaltan el aire tropical y latino en las escenas de San Marcos, y subrayan dulcemente los momentos románticos entre Nancy y Fielding. Como no podía ser de otra manera, Allen encuentra un espacio para incluir algo de jazz de los años veinte en una escena digna de cine mudo en la que Fielding persigue por todo su departamento a un escurridizo paquete de vegetales congelados.
En Bananas se encuentra la quintaesencia del estilo del primer Woody Allen, irreverente, transgresor, absurdo, ácido, nostálgico, romántico, y, sobre todo, increíblemente gracioso.
Timoteo Lumier
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| LA escena del rapto fallido, la favorita de nuestro director Rne |
LO BUENO DE PASAR DESAPERCIBIDO
Mientras el monopolio oficialista sigue su lucha encarnizada contra el monopolio de Clarín (sí, el mismo que el gobierno de Kirchner alimentó y ayudó, a cambio de una línea editorial que hiciera la vista gorda durante los primeros años de gestión), nosotros (ignorados, marginados, ceros a la izquierda) aprovechamos el cuasi-anonimato para seguir fortaleciendo nuestro imperio mediático. Estos son los siguientes canales de comunicación del monopolio NADA que jamás serán adecuados a la Ley de Medios:
RADIO:
FM Boniato (1145.8 Mhz): Dedicada exclusivamente, las 24 horas del día, a programas que exploran el apasionante fenómeno del dulce de batata.
AM Moqueles (0,15 Khz): Una radio que ofrece una variedad enorme de propuestas, entre las que se destacan Si no te gusta, mala suerte, emisión dedicada a la difusión de música vanguardista; Zona 64, con toda la información sobre el Backgammon y transmisiones en vivo de las partidas más relevantes; El mundo de la lustradora eléctrica, un clásico radial conducido por Mauricio Mauritius; y Hay que jorobarse, el programa de autoayuda del licenciado Kraft.
Fragmento de El mundo de la lustradora eléctrica
TELEVISIÓN:
Canal 132 de Malaver: Recientemente comprado por NADA, este canal difunde cultura a lo loco, ya sea mediante la producción de documentales propios como El cepillo de dientes: de la fábrica, hasta su boca, Eduardo Carmín, un pintor bastante olvidado, con su programa de interés general El show de Eduardo Gonzaga o el ciclo de cine La película europea poco difundida de los miércoles a la tarde, o los jueves a la mañana a más tardar.
Sin Siglas: el único canal de noticias que compara todos los diarios, otros noticieros y la realidad más objetiva posible antes de informar. Esto lo conduce inevitablemente a informar los hechos días más tarde de que ocurran, pero por lo menos, a diferencia del resto, informa.
DIARIOS Y REVISTAS:
154 saxofones tenores rojos y negros: el único diario anual del país que, al igual que el canal Sin Siglas, verifica la información profundamente.
Demasiado para usted: la corrosiva publicación quincenal que desprecia todos los valores de la sociedad actual, de la sociedad pasada y de la sociedad por venir.
Más o menos: publicación semanal dedicada al rock de Benelux.
Yeta Dor: boletín semanal con toda la actualidad sobre juegos de mesa, billares y carnicerías.
¿Así que van por todo, energúmenos? Traten de destruir nuestro imperio mediático, a ver.
RADIO:
FM Boniato (1145.8 Mhz): Dedicada exclusivamente, las 24 horas del día, a programas que exploran el apasionante fenómeno del dulce de batata.
AM Moqueles (0,15 Khz): Una radio que ofrece una variedad enorme de propuestas, entre las que se destacan Si no te gusta, mala suerte, emisión dedicada a la difusión de música vanguardista; Zona 64, con toda la información sobre el Backgammon y transmisiones en vivo de las partidas más relevantes; El mundo de la lustradora eléctrica, un clásico radial conducido por Mauricio Mauritius; y Hay que jorobarse, el programa de autoayuda del licenciado Kraft.
Fragmento de El mundo de la lustradora eléctrica
TELEVISIÓN:
Canal 132 de Malaver: Recientemente comprado por NADA, este canal difunde cultura a lo loco, ya sea mediante la producción de documentales propios como El cepillo de dientes: de la fábrica, hasta su boca, Eduardo Carmín, un pintor bastante olvidado, con su programa de interés general El show de Eduardo Gonzaga o el ciclo de cine La película europea poco difundida de los miércoles a la tarde, o los jueves a la mañana a más tardar.
Sin Siglas: el único canal de noticias que compara todos los diarios, otros noticieros y la realidad más objetiva posible antes de informar. Esto lo conduce inevitablemente a informar los hechos días más tarde de que ocurran, pero por lo menos, a diferencia del resto, informa.
DIARIOS Y REVISTAS:
154 saxofones tenores rojos y negros: el único diario anual del país que, al igual que el canal Sin Siglas, verifica la información profundamente.
Demasiado para usted: la corrosiva publicación quincenal que desprecia todos los valores de la sociedad actual, de la sociedad pasada y de la sociedad por venir.
Más o menos: publicación semanal dedicada al rock de Benelux.
Yeta Dor: boletín semanal con toda la actualidad sobre juegos de mesa, billares y carnicerías.
¿Así que van por todo, energúmenos? Traten de destruir nuestro imperio mediático, a ver.
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| El poderío económico de NADA crece día a día |
lunes, 26 de noviembre de 2012
HISTORIETA POR ENTREGAS
Dejen la onicofagia, que no se suspendió nuestra cautivante Las morsas y el circunloquio. En esta nueva entrega, más revelaciones y misterios que no hacen más que nutrir el complejísimo e irresistible argumento.
jueves, 22 de noviembre de 2012
ABREVIEMOS, QUE HAY MUCHO PARA NO HACER
La gente está muy ocupada, haciendo cosas mucho muy importantes, así que hay que abreviar. Es lógico, cuando uno pasa muchas horas del día inmerso en la reflexión, en la instrospección y en el desarollo espiritual, no hay tiempo como para escribir palabras tan largas como:
n o v i e m b r e
n o v i e m b r e
o
d i c i e m b r e
y ni que hablar de:
f e b r e r o
Así que es lógico que encontremos titulares tan insoportables como los siguientes:
d i c i e m b r e
y ni que hablar de:
f e b r e r o
Así que es lógico que encontremos titulares tan insoportables como los siguientes:
Posiblemente pronto los niños comiencen a aprender en las escuelas acerca de la importancia del 25M, del 9J, del 12O, del 2CV, del WD40 del 112Ñ y de tantos otros.
jueves, 8 de noviembre de 2012
5 AÑOS DE NADA
Nuestro espacio cumplió cinco años. Muchos no habrán vaticinado más de cinco horas de existencia, pero aquí estamos, con un duro lustro en las espaldas.
A veces NADA me parece muy buena página, a veces no. Pero algo es seguro: es coherente (aún dentro de su aparente caos) y es incomprendida. Debo admitir que me desilusiona bastante la reacción nula del público, pero a la vez, pocas ilusiones previas tenía, así que raramente pude haberme desilusionado.
Hoy por hoy, NADA sigue, a pesar de toda la marea negra que siempre baña nuestras costas, o tal vez por ese motivo. ¿Cinco años más? Tal vez sean cinco minutos, tal vez cinco meses, no lo sabemos. Pero algo es seguro: cinco décadas más son muy poco probables, y cinco siglos, ni les cuento.
Gracias a todos los que sí hacen posible NADA (ustedes saben quienes son, y si tienen dudas, pregunten).
A veces NADA me parece muy buena página, a veces no. Pero algo es seguro: es coherente (aún dentro de su aparente caos) y es incomprendida. Debo admitir que me desilusiona bastante la reacción nula del público, pero a la vez, pocas ilusiones previas tenía, así que raramente pude haberme desilusionado.
Hoy por hoy, NADA sigue, a pesar de toda la marea negra que siempre baña nuestras costas, o tal vez por ese motivo. ¿Cinco años más? Tal vez sean cinco minutos, tal vez cinco meses, no lo sabemos. Pero algo es seguro: cinco décadas más son muy poco probables, y cinco siglos, ni les cuento.
Gracias a todos los que sí hacen posible NADA (ustedes saben quienes son, y si tienen dudas, pregunten).
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