LA FRASE DEL PERIODO DE TIEMPO QUE VA DESDE SU PUBLICACION HASTA SU REEMPLAZO POR OTRA

"Sin la facultad de olvidar, nuestro pasado tendría un peso tal sobre nuestro presente, que no soportaríamos abordar un solo instante más, y mucho menos entrar en él. La vida sola le resulta soportable a los caracteres triviales, a aquellos que, precisamente, no recuerdan."
(E.M. Cioran)

lunes, 24 de octubre de 2011

¡FELICITACIONES, PRESIDENTA!





El jueves pasado, la Asociación para el Cuidado del Helecho (ACH) eligió nuevas autoridades. La señora Antonia Niágara resultó re-electa en su cargo con un altísimo porcentaje de votos (casi 16 votos, de hecho). Según manifestaron los votantes, este nuevo voto de confianza se debió a una total satisfacción con la excelentísima gestión anterior de la señora Niágara, la cual condujo a la Asociación a crecer sólidamente, manteniendo siempre una conducta moral intachable y fomentando el pluralismo, la tolerancia y el debate.
El único episodio que había logrado ensombrecer la gestión de la señora Niágara había sido el recordado escándalo por el crecimiento de su patrimonio, al parecer injustificado. Luego se aclaró que la presidenta había apostado al número 6948 a la quiniela y había ganado. Ante la desconfianza que le habían suscitado desde siempre los manejos de las recaudaciones por parte de Loterías y Casinos, la presidenta había decidido apostar de forma clandestina y por ende no existía documentación que comprobara su triunfo en el juego. Afortunadamente, la situación se aclaro cuando el quinielero del barrio dio su testimonio del hecho presentando algunos documentos de manera que se pudiera descubrir el origen de los 2612 pesos que la presidenta hasta ese momento no había podido justificar. Aclarado el hecho, la señora Niágara pidió de todos modos disculpas y donó la suma a la Asociación.
La Asociación no suele publicitar demasiado sus logros debido a su autocrítica y austeridad características, pero los resultados están a la vista de todos. Jamás se vieron tan frondosos a los helechos, y a las esporas tan volátiles. Felicitaciones, pues, a la señora Niágara y suerte en su merecido segundo mandato.

-INSTRUCCIONES PARA LOS QUE NO SE DESPABILARON TODAVÍA: CONTRASTAR ESTA NOTICIA CON LA REALIDAD POLÍTICA NACIONAL (Y APENARSE UN BUEN RATO)-

jueves, 20 de octubre de 2011

MENSAJE PARA ESTE DOMINGO

Como podrán imaginar, la preocupación primordial de nuestro espacio hoy por hoy es lograr una abstinencia electoral sin precedentes para las próximas elecciones. Cuando tomamos conciencia de nuestra escasísima difusión y del poco respeto que se nos tiene en nuestro exiguo círculo de lectores, siempre coqueteamos con la idea de renunciar. Pero se ve que es un mero coqueteo sin consumación carnal alguna (esta metáfora la sugirió nuestro encargado del correo sentimental, el Dr.Carranza), así que insistimos una vez más:

VOLVÉ, MARLBORO












Hoy, en el pasquín informático "Infobae" apareció esta noticia. Aclaro, ante todo, que no soy fumador. Hecha esta salvedad, podemos continuar.
Es llamativo el fortalecimiento del cual las campañas anti-tabaco vienen gozando desde hace unos años. Las publicidades de cigarrillos no están permitidas, las advertencias que vienen impresas en los paquetes en las cuales se indica al fumador el carácter nocivo del producto ya son más grandes que los paquetes mismos, y los sectores para fumadores que existían en algunos restaurantes han ido desapareciendo.
Es llamativo como se lucha contra lo que realmente parece ser un mal menor. Digo mal menor puesto que nadie está obligado a intoxicarse con nicotina y alquitrán o a exponerse a un posible cáncer. Se trata de una elección muy personal, tan personal como decidir consumir alcohol, sustancia en todo caso tan o más nociva que el tabaco, y también adictiva. Sin embargo, las publicidades de bebidas alcohólicas están a la orden del día, y estas siguen las mismas estructuras de mensaje que las prohibidas publicidades de cigarrillos: al consumir el producto, el sujeto pasa a ser alguien mejor, más astuto, más sensual, más exitoso, y comienza a disfrutar la vida, pero en serio. Tras la pequeña leyenda "consumir con moderación" que figura en las publicidades de estas bebidas, subyacen algunos hechos indiscutibles: el alcohol produce terribles consecuencias en el aparato digestivo cuando se consume de forma indiscriminada, altera el comportamiento del consumidor y está estrechamente vinculado de forma directamente causal con muchísimos de los fatales accidentes de tránsito que tienen lugar a diario en nuestro país. Sin embargo, en los medios de comunicación la cerveza sigue teniendo su promocionado lugar privilegiado. Entonces, si al ciudadano se lo trata como a un adulto y se le da la opción de beber alcohol o no, ¿por qué no se le permite elegir entre fumar o no? ¿Acaso los fumadores son todos infantes inconscientes, víctimas de las tácticas de persuasión publicitarias? Llamativo, sin dudas.
Lo que no es para nada llamativo es que no se combatan los verdaderos flagelos de nuestro mundo. De hecho, en todos los medios hay propagandas políticas, y nadie hace nada para impedirlo.




Rne

martes, 18 de octubre de 2011

LA COMPUTADORA NO MUERDE, Y LA LICENCIADA SE LO MUESTRA




por la Lic. Falazz




Lectores:
Desde hoy, aquí en NADA les daré útiles consejitos informáticos, pequeños secretitos (por eso son secretitos, porque son pequeños) para que ustedes pueda manejar su Personal Computer con mayor dinamismo y así impresionar a sus amigos, a sus parejas, a sus padres, a sus conocidos o, si están irremediablemente solos en este mundo, a nadie.

Hoy, un secretito útil para cerrar las ventanas del explorador con gracia y elegancia.
¡Hasta la próxima!



Lic. Enriqueta Falazz

OTRO RELATO, SI SEÑORES

Les traemos otro adelanto del libro de relatos (de inminente edición) de Rne. El volúmen se titulará "1113 relatos que vengo acumulando desde hace años y que , el otro día justo estaba pensando, no estaría mal editarlos porque, bueno, todos queremos tener nuestro propio libro, vieron como son las cosas, hoy estamos, mañana también, pero por ahí pasado... también, pero tal vez no, ¿no?". El título es bastante tentativo, según nos dijeron en la supuesta editorial.




ELEGANTE ETIQUETA

Justo cuando estaban por servir la sopa de alcachofas, a Enrique se le cayó el brazo. Una calamidad, realmente, porque que se le cayera mientras dormía, vaya y pase, pero justo en la cena, antes de la sopa, eso era un verdadero desastre. Era raro e inesperado porque ¿acaso no había tomado todas las precauciones antes de salir? ¡Tanto esmero en coserlo prolijito para qué! Largó una risita nerviosa que no logró aplacar el gesto de desagrado de la señora Echagüe Alvarado, que frunció la boca mientras seguramente pensaba para qué lo había invitado, justo hoy que iba el embajador. Bueno, pero él no lo había hecho a drede, hay que ser comprensivos con este tipo de percances, somos humanos. Hacer como que nada pasaba no tenía mucho sentido, así que se disculpó, se agachó a buscar el brazo y al incorporarse puso cara de “son cosas que pasan, vio”. El agregado cultural cortó el silencio incómodo que se había instalado halagando las cortinas del comedor y tratando de adivinar el país de procedencia de la tela. Nombró como quince países sin acertar, y cada vez que erraba decía la frase “ya sé, ya sé, no me diga” y paso seguido lanzaba otro nombre. De más está decir que al cuarto país que mencionó, a nadie le importaba ya la incógnita, mitad porque era un tema irrelevante, y mitad porque la atención se desvió a Enrique, a quien se le acababa de caer una oreja, y adentro de la copa. Mientras maldecía a los fabricantes de pegamento y trataba de sacar la oreja disimuladamente de la copa (tarea bastante complicada), ponderaba las bondades del vino, que tenía muy buen cuerpo y un dejo a almendras, aunque no estaba seguro. Guardó la oreja en el bolsillo e intentó acertar ahora él la procedencia de las cortinas. Acertó, era raso de Marruecos, pero a nadie le importó (de todos modos, le había pegado de suerte). El embajador negó con la cabeza mientras miraba fijo la copa. Ellos sabrían disculparlo, tenían que saber disculparlo, seguramente al rato iban a estar tomando cognac en la biblioteca, riendo acerca del asunto mientras la señora Echagüe Alvarado tocaba el piano, porque un percance es un percance, no exageremos.

El pie se le desprendió mientras estaban con el postre. Ni bien se dio cuenta se sobresaltó, y los crệpes se le salieron del plato. El embajador miró para arriba, resignado. Se escucharon comentarios en voz baja. Esta vez no sonrió ni se molestó en disimular, estaba todo perdido, y eso que no habían visto el pie suelto debajo de la mesa. ¿Cómo iba a disimular a la hora de salir? No pueden no darse cuenta de la ausencia de un pie, digamos que es algo que no se puede pasar por alto. Además, la señora Echagüe Alvarado había hecho una cara que garantizaba miradas inquisidoras y alguna reprimenda antes de que se fuera, y cuando viera el pie ausente se acababa todo, pum, así de fácil. ¿La excusa del baño para luego escaparse por la ventana? No, no tenía sentido, los baños estaban en la planta alta, se iba a matar del golpe; además, saltar con un solo pie es incómodo. La otra alternativa era ir al baño, pero para volver a coser el pie. Sin embargo, ni bien se levantara de la silla, ya se iban a avivar, no, no había caso, se acabó todo. La última posibilidad que pudo pensar fue la de sacar el pie de adentro del zapato, guardarlo adentro del saco, y antes de salir meter el extremo de la pierna en el zapato y tratar de caminar lo más normal posible. Por algo era la última idea que había barajado: no tenía el más mínimo sentido. Cabizbajo y nervioso, moviendo incesantemente el pie que le quedaba, esperó que todos terminaran de comer. ¡De comer! Claro, la sobremesa, el cognac en la biblioteca, era cuestión de quedarse solo unos minutos en el comedor con alguna excusa, un par de puntaditas, y a la biblioteca como si nada hubiera ocurrido.
Inesperadamente, todo el plan comenzó bien. Los comensales fueron invitados a beber algo a la biblioteca de la señora Echagüe Alvarado, que no podía (y no quería) disimular el orgullo que sentía por su voluminosa colección de libros, no había manera de que alguien fuera invitado a su casa y no terminara en esa biblioteca. Cuando todos se habían levantado de la mesa, él adujo un adormecimiento en la pierna y aseguró que en unos minutos estaría con ellos. Nadie pareció molestarse por su excusa, pero seguro que ya estaban saturados con su presencia, así que lo importante era no pasar más vergüenza y salir de allí de la manera más decorosa posible. Sacó los infaltables hilo y aguja del bolsillo, y se cosió el pie un poco dificultosamente: no era fácil con un solo brazo. Tan mal no quedó, pero no había que forzarlo mucho, eso sí.

Entró a la biblioteca cuidadosamente. Todos escuchaban con atención a la señora Echagüe Alvarado, que estaba en medio de un solo de arpa, porque al final no era el piano lo que tocaba. Se paró estratégicamente de manera de que nadie quedara a su izquierda y pudiera ver el espacio dejado por la oreja ausente. Trató de aparentar estar concentrado en la música y cuando la señora terminó, sonrió exageradamente y asintió con la cabeza a falta de aplauso. Para estar parado, el pie se mostraba firme. Restaba quedarse tranquilo y luego unos pocos pasos desde la residencia al coche, total el chofer lo iba a llevar hasta la casa. Enrique se quedó tranquilo.
El agregado cultural vino sonriente a intercambiar unas palabras con él, así que tal vez después de todo sí iban a bromear sobre los pequeños percances que habían tenido lugar durante la cena. Seguramente el embajador se iba a acoplar a la charla luego, y Enrique presentaría una sinceras e irresistibles disculpas. Después de todo, seguramente hasta la señora Echagüe Alvarado iba a reemplazar su gesto fruncido por una sonrisa cómplice. Justo cuando el agregado cultural estaba olfateando con placer la copa junto a él, por una de esas desgraciadas casualidades se le fueron a caer no uno, sino los dos ojos juntos. Escuchó un ruido líquido y fastidio generalizado. El ridículo ya era completo, ahora la señora Echagüe Alvarado no lo iba a invitar más.



FIN

lunes, 19 de septiembre de 2011

LA ESPERA TERMINÓ

A veces soy un burgués que alcanza lo que podríamos llamar una semi-felicidad tras haber adquirido un objeto material. A pesar de mis ideales anarquistas y de mis aspiraciones espirituales, sucumbo al consumismo cada tanto, pero al menos se trata de arte, qué tanto.



En este caso, la semi-felicidad provino tras recibir la fornida caja Europe '72: The Complete Recordings, de Grateful Dead. Se trata de una caja con 73 CD que contienen los 22 conciertos que el grupo dio en su legendaria gira europea de 1972. No es la primera vez que grabaciones de aquellos días salen a la luz: los discos Europe '72, Hundred Year Hall, Steppin' Out y Rocking The Rhein consistían de tomas en vivo grabadas durante aquella maravillosa gira. Ahora tenemos la oportunidad de escuchar todos los conciertos, lo cual significa muchísimo para quienes tengan un profundo y real interés en los queridos Dead.
Obviamente, el coleccionismo jugó un papel importante a la hora de haber comprado esta caja, pero eso es también parte de la experiencia de escuchar música, qué tanto. Los discos (con excelentísimo sonido) vienen en una hermosa caja así como también un hermoso libro de tapa dura con fotos e interesantísimas notas. El diseño en general está muy cuidado y planeado con muy buen gusto.
Resumiendo, una de las novedades discográficas más emocionantes que pueda recordar. Me va a llevar mucho tiempo poder escuchar y asimilar el material (son aproximadamente 70 horas de música), pero la semi-felicidad está asegurada.



La caja aún envuelta y virginal




No me creo más que ustedes por tener una caja
personalizada, me creo más por otros motivos.









CONVERSACIÓN QUE TUVO LUGAR EN UNA TARDE INVERNAL


A veces a Rne se le da por escribir algo.


Hay que jorobarse, no hay caso, che. A Ruth le decía eso siempre, desde que era chiquita. A la madre no le gustaba, me decía: “¿pero cómo le vas a decir eso, pobre nena?”. ¡Ma que pobre nena!, ella me entendía muy bien, y además yo se lo decía con buena intención, ¿me entendés?, así ya de chiquita se iba fogueando un poco, empapando de ciertos asuntos, ¿no te parece? Muy chiquita, muy chiquita, pobre nena, pero insistí, insistí, y al final, bueno, tan mal no salió; es humana, claro, pero despierta. Ahora se me fue a Bucarest, ¡a Bucarest!, así como lo escuchás. Se fue por capricho, por total antojo (bueno, ¿hay otra manera de elegir un destino para un viaje que no sea por capricho?). Yo, de chico, –no sé si te conté– vivía obsesionado con Polonia. Siempre andaba hablando de Polonia, Polonia esto, Polonia lo otro, siempre pintando la bandera en el cuaderno de la escuela (era bien fácil: rojo, blanco, y listo el pollo). Una maestra llegó a preguntarme una vez si mi familia era de allá, pero nadie me puso el apodo “polaco”, será porque el apellido no pegaba, o porque no era rubio.


En realidad, todo había venido por una noche en lo de mis tíos, los de Olivos. Estaba mi prima, que tenía 5 o 6 años más que yo, yo tendría 10 en aquel momento (está frío, cambiá el agua). El tema es que cuando ibamos de visita, mi prima y yo jugábamos (bah, ella me hacía jugar, porque la diferencia de edad... viste que a esa edad se nota mucho; yo era un nenito, ella ya era adolescente) Ella tenía un espíritu muy maternal y se pasaba todo el tiempo inventando cosas para que hiciéramos entre los dos. Yo creo que ella también se aburría con toda la charla de los grandes, me acuerdo que a veces nos callábamos para escuchar lo que hablaban mis padres con mis tíos, y poníamos caras de no entender nada, nos reíamos. Esa, no sé, complicidad, conexión, empatía, o como se te cante llamarla, me hacía sentir especial, como en un lugar aparte con ella, así me sentía (y bueno, era un nene, qué le vamos a hacer). La verdad (y ya me imagino que ibas a preguntar) es que sí, ella me gustaba, ¿viste la historia trillada de la prima de la cual uno se enamora, ese relato al que un buen escritor le rajaría porque ya es un tópico? Bueno, esas cosas a veces pasan, como podrás ver, así que no sería raro que también hubiera muchos científicos locos, o mayordomos asesinos, ¿no te parece?. En realidad, ahora que lo pienso, tampoco sé si me enamoré: “Amor” me parece una palabra muy grande, demasiado fornida, y yo era un nene; pero sí confieso que ir a lo de mis tíos era algo que me encantaba solo porque estaba ella. Una vez que fuimos no estaba, se había ido a lo de una amiga, y –escuchá esto– mi tía me dice (¡ay, qué ganas de matarla a la vieja!): “Uh, pobrecito, se va aburrir hoy que Elizabeth no está”. ¡Ya sé que me voy a aburrir!, decía yo por adentro con una bronca que ni te cuento, y también unas ganas de llorar que me daban vergüenza. Pero a las pocas horas –el tiempo no se pasaba más, te imaginás, ¿no? – volvió y yo me acuerdo que quería hacerme el que no me afectaba demasiado, trataba de disimular la alegría que se me veía de un kilómetro a la redonda. Un vestido rojo a lunares tenía ese día, mirá lo que es la memoria, cómo se te graban algunos detalles, che (ahora está medio lavado, pero dejá, no te hagas problema, estoy hecho un viejo quisquilloso). Esa era Elizabeth. Era tan, tan linda la mocosa, y tan inteligente; y yo, más mocoso aún, imaginate, qué vergüenza. Y esa noche que te iba a contar, ella agarró una enciclopedia, un atlas, porque a mí me gustaban los mapas, las banderas; viste que los chicos a veces tienen épocas de obsesionarse con algún área del conocimiento como, no sé, por ejemplo los dinosaurios ­(en esa época no estaban tan de moda, hoy en día cualquier chico te habla de pterodáctilos), o la zoología (nunca me olvido del libro de artrópodos que tenía mi tío, yo no me animaba a tocar las arañas, ¡por más que supiera que eran fotos!). Bueno, el asunto es que yo estaba obsesionado con los países, capitales, monedas, la geografía más política, digamos; pero con mi prima estuvimos toda esa noche mirando fotos de Europa mientras los demás estaban meta sobremesa (¿de qué es?¿de dulce de batata? bueno, probamos). El libraco tenía un planisferio Mercator desplegable –una cosa enorme que no sabíamos bien cómo cornos volver a doblar– y después los mapas de cada país con su Historia, datos de su Economía, etcétera –vos ya sabés cómo son– y fotos, muchas fotos. Y había una foto de un bosque en Polonia que me encantaba, no quería dar vuelta la página, la miraba de todos los ángulos. Hoy en día no te sé decir por qué, porque no tenía nada de especial, ni sobresalía entre el resto de los otros bosques que figuraban en el libro. No sé si porque a Elizabeth también le gustaba mucho o qué –alguna asociación rara habré hecho, ¿no? –, pero la cosa es que cuando mis viejos, un tiempo después, me preguntaron dónde podíamos ir de vacaciones en verano, les dije “Polonia”, con un convencimiento, que quedaron pasmados. Nunca voy a olvidar que mi viejo dijo, mirá, me lo acuerdo patentemente, dijo: “¡Cómo se nota que este no lee el diario, eh!”, y se rió. Yo no lo entendí en ese momento, pero era el año 40, te imaginarás que no era justamente para andar de vacaciones por Europa, y mucho menos por Polonia. Ay, ay, ay, Polonia, qué personaje.


Bueno, así que, como te estaba contando, viene Ruth y me dice “Nos vamos con Esteban a Bucarest”. Yo me empecé a reír: “¿Bucarest?”, les digo riéndome. Pero la verdad es que me sentí en seguida un imbécil, un obtuso que se reía sólo porque no habían dicho “París”. Entonces les dije que me parecía una hermosa idea, hay que viajar, conocer, “Indra es amigo de los viajeros”, y todo eso. Realmente, no me lo esperaba, no es el lugar más frecuentado por los turistas, no me lo podés negar. Después, mientras estábamos comiendo, les pregunto “Che, ¿y Bucarest por qué?”. “No sé, queríamos ir a un lugar distinto, más para el este, y hay que ser original, ¿no? ¿O siempre hay que ir a Madrid, París, o Londres, don Polonia?”. Con mis antecedentes, mucho no podía decir, pero, claro, lo de Polonia había sido cuando yo era un nene de 10, 11 años, y Ruth ya es toda una mujer (y desde hace largo rato, por más que le pese), pero, ¿querés que te diga algo?, está perfecto. Además, me acordé de Cioran. De hecho, se los dije. “La tierra de Cioran”, les digo, así con un tono medio ceremonioso. El novio de mi hija me miró como si estuviera senil (me lo dicen bastante seguido, te cuento). Pero, bueno, el asunto es que se fueron para allá, tierra de Cioran o no. La extraño bastante, hay días que se vuelven demasiado solitarios. En fin, los inconvenientes de haber nacido, ¿no? ¿Sabés quién me había traído el primer libro que leí de él? ¡Jorge!, ¿te acordás de “Jorge, el transhumante”? Lo que es tener mosca, eh, me acuerdo que cambiaba a cada rato de casa, de barrio, de país, (al menos no cambiaba de planeta, que yo sepa). Ese sí que seguramente estuvo en Polonia, y habiendo leído el diario. Buen tipo Jorge, pobre; me regaló el libro, y yo que apenas champurreaba un poco de francés, así que imaginate lo que me costó: un renglón, el diccionario; otro renglón, el diccionario; medio renglón, el diccionario; qué frustrante. Lo leía en la cama, sentado, con los dos libros en la falda; y encima, el diccionario de francés era un mamotreto enorme –por suerte, porque con un diccionario para turistas no llegaba a entender ni el índice–, así que tenía que hacer malabares para que no se me cayera todo al piso. Victoria ya estaba harta del “librito”, como le decía ella tan simpáticamente; seguro que el amante leía ediciones bilingües. Che, ¿será por eso de los libros que me abandonó?, ¡de haberlo sabido antes, me llevaba la Enciclopedia Británica entera a la cama! ¡Y el Mercator desplegable! (no, no quiero más yo, gracias, pero otra porción de batata te acepto). Justo cuando tenía el francés un poco más manyado, apareciste vos con una traducción al castellano, y al carajo el diccionario. Pero, claro, yo sentía que no estaba leyendo a Cioran, sino al traductor, y vos me hacías caras de “no hay una que te venga bien”, pero sabías que tenía razón. Qué cosa, ¿no?, años más tarde, me doy cuenta de que mi vieja edición francesa era una traducción del original en rumano. ¡Había estado leyendo una traducción todo el tiempo! Claro, porque los primeros libros de él están en rumano, después empezó a escribir en francés (luchaba para no sonar como un meteco, pobre Emil). Por ahí Ruth me puede comprar alguna edición rumana, y un diccionario rumano-español tamaño elefante, –todo en el free-shop, como te podrás imaginar– total, ahora nadie se va a quejar de mi forma de leer en la cama, ¿no?.


Hace rato que no sé nada de ella, bah, hace rato que no pregunto, mucho no me importa, y creo que a Ruth tampoco, aunque eso le duele mucho. Yo nunca la extrañé, pero la traición, no sé si me dolió, pero al menos sí me molestó. Por suerte Ruth no heredó casi nada de la madre, salvo la cara y el cuerpo, y de eso no se puede quejar, porque: Victoria, estúpida, pero al menos era preciosa, o eso parecía ser. Y sí, “parecía” ser, al menos al principio, antes de que se develara su estupidez. La estupidez afea, anotá eso, si querés, usala, pero pagame el copyright. No, hablando en serio, ¿no te parece que uno es lindo cuando lo es cabalmente o no lo es en absoluto?. Una mina linda, pero linda en serio, no lo puede ser solamente por fuera. O al menos digo eso ahora que soy viejo, decrépito y me creo –al menos– no tan horrendo por dentro. Se ve que cuando la conocí a ella, estaba mirando otra cosa, o ella cambió, o yo cambié, no lo sé, y no importa tampoco. Pero, aunque fue un error, sin ella, no habría Ruth, que de error no tiene nada.


Está rico esto, eh. Che, siempre me llamó la atención el dulce de batata, porque, pensá, la batata es una cosa espantosa, un aborto de la naturaleza, te diría. Cuando la vieja hacía papas y batatas al horno, todas juntas (¡qué aberrante!), yo las comía después con mucha precaución, parecía un neurocirujano con los cubiertos. Ella me servía papas nada más –nene mimado–, pero alguna de las otras siempre se metía donde no la llamaban, y por ahí, en una de esas, masticaba una sin querer y tenía que escupirla, lindo espectáculo para la hora de la comida. Un asco, realmente, tubérculo nauseabundo, pero, eso sí: el dulce de batata, una delicia. El tipo que lo inventó (bueno, eso de “lo inventó” es medio incierto, seguramente fue un accidente, como la historia de la leche quemada y el dulce de leche, pero no importa) debió ser un gran alquimista olvidado, y –déjeme decirle algo, amigo–: ese olvidado alquimista logró extraer algo tan agradable de una batata. Y eso es algo mucho más milagroso que la piedra filosofal. Como una más y me voy , al gato le deben haber salido raíces esperando que le dé de comer.




FIN

martes, 16 de agosto de 2011

POLLITO ETERNO




Esta es la última viñeta de la última entrega de la historieta "Pi-Pío", la cual apareció en el último número de la revista "Anteojito", que se editó en enero de 2002. Aunque se trataba de la última aparición de la historieta, la misma se dejó tentar por el estilo anti-conclusivo y decidió finalizar su existencia con un "continuará...", como ratificando el carácter cíclico de las aventuras de nuestro plumífero amigo. A eso le llaman perseverancia, ¡eso es coherencia estilística! ¿Acaso Edgar Varèse no lo había dejado claro al decir "The present-day Pi-Pío refuses to die"?

lunes, 15 de agosto de 2011

EL PAÍS DE LA NECEDAD

En un país saqueado, violentado a diario, maltratado, expoliado y exprimido por una clase política inescrupulosa y amoral, casi la mitad del electorado delega el dominio de las cuestiones nacionales al oficialismo. Como si no fuera suficiente, otra porción significativa se inclina por personas que ya estuvieron involucradas, o que incluso presidieron el mismo siniestro sistema. ¿Qué más queda por decir, entonces?
Si han leído con anterioridad este espacio, conocerán ya nuestra postura ante la realidad política argentina y comprenderán nuestra desazón. A aquellos que la desconocen, los invitamos a leer algunas de nuestras publicaciones y a comprender nuestro infinito malestar.
Es sorprendente como esta sociedad nos logra defraudar aún cuando no teníamos ya ni una brizna de esperanza en ella.

miércoles, 23 de febrero de 2011

UNAS BREVES PALABRAS

Podríamos decir tantas cosas acerca de la realidad argentina actual. Y la internacional no se queda atrás, obviamente. Pero: ¿valdría realmente la pena? NADA es ante todo un espacio sembrado con semillas de florecitas dementes pero nobles. Además de denunciar el carácter corrupto del mundo, hay que promover la belleza, la inteligencia, la inspiración, el arte y demás valores que son los que redimen a nuestra brutal especie. Tal vez deberíamos dejar de mencionar a Kirchners, Macris, Chaveces (el plural de Chavez, porque a nosotros se nos canta que así sea) y demás escoriaces (plural del plural de "escoria") para dar más espacio a Van Gogh, Coltrane, Sabato y otros Artistas con una A fornida y muy mayúscula.
Esto no es ignorar la realidad, simplemente se trata de incentivar nuestra inteligencia y la de los señores lectores. Porque el pútrido status quo, creo yo, le teme más a un hombre con autonomía de pensamiento, con apertura mental, a un hombre de profundidad espiritual y creatividad que a un opositor dogmático con pancarta que se diferencia de él en forma, pero no en fondo.
Después de todo, el cambio debe ser MENTAL por sobre todas las cosas.
Queríamos expresar estos modestos conceptos en vez de publicar decenas de comentarios acerca de los criminales de turno. El mango de la sartén se consigue con fuerza, pero una vez obtenido hay que lograr que ya nadie termine frito. Estos cambios se darán siempre y cuando nos diferenciemos, y muy en serio, de aquellos que deploran nuestra vida y demostremos que tenemos con qué crear una mejor y más rica realidad.